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Hablar de cómo la música entró a mi vida, la verdad no sabría describir en qué preciso momento fue. Solo sé que desde pequeña sentía el ritmo en mi cuerpo y luego trataba de imitar con la boca, haciendo un ruido raro, que hasta el día de hoy mis tíos se acuerdan con mucha risa. Luego fui descubriendo mis capacidades vocales, me gustaba imitar a grandes cantantes, y notaba que yo no lo hacía tan mal, me subía al sillón de la sala, agarraba el cepillo de cabello y partía a cantarle a mis muñecos que eran mi público en ese entonces.
Nací en Chile, pero al año me llevaron a vivir a Venezuela, y a mi parecer fue una bendición haberme criado en un país tan hermoso, con gente tan amable y escuchando una música tan tropical y alegre. Para mi la música «de raíz» es como la columna vertebral de mis proyectos.
La música siempre estuvo conmigo. La verdad yo no la elegí, ella me eligió a mí. Vivía cantando todo el día, en todas partes, en mi casa a nadie escuché cantar, pero si a mi padre le gustaba la música y teníamos un tocadiscos en donde siempre se escuchaba a algún cantante de moda. Me aprendía todas las canciones con mucha facilidad y las repetía una y otra vez. Recuerdo haber cantando para el día de la madre la canción “Soy pan, soy paz, soy más“ y recibí muchas felicitaciones, estaba muy orgullosa de mí, era primera vez que cantaba frente a un público de verdad, tendría unos 9 años y sentí en ese momento que podía hacerlo toda mi vida.
No fue si no hasta cuando comencé la enseñanza media que me tomaron en serio, y digo en serio porque nadie se percataba que cantaba. Un amigo me pidió que lo acompañase a una audición porque iban hacer un festival de canto a nivel de estadal. Fuimos y la verdad mi amigo no cantaba tan bien así que cuando terminó el profesor me preguntó que si yo cantaba y le dije que creía que sí. Canté una canción y él me dijo que había quedado seleccionada. Me dijo: eres lo mejor que ha audicionado. Así que me prepararon para el festival de música folklórica venezolana. Recuerdo que invité a toda mi familia y ellos sin mucha fe fueron a apoyarme. Canté mi canción que hablaba de Merida, un estado de Venezuela donde hace mucho frío y en ocasiones nieva en las montañas. El resultado fue: ganadora del primer lugar. Esto lo hice durante dos años siempre con el mismo resultado. Creo que recién allí tome un poco más de confianza con este asunto del canto.
Unos años después conocí a Rolando López. Con el conocí la música de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Con él montamos un repertorio de trova cubana el cual cantamos varios años por las Universidades más emblemáticas de Venezuela.
En el camino conocí a Jesús Ruiz. Cantante, compositor y productor de comerciales. Digamos que me adoptó por más de diez años, y donde hice jingles de todo tipo y para muchas marcas conocidas. Más adelante también trabajé con Chuchito Sanoja, con el que hice un par de comerciales más.
El poder grabar tantos comerciales fue como una escuela para mí, me permitió conocer mi instrumento y todos los colores que podía lograr. Perfeccioné mi técnica de respiración porque cantar en vivo es una cosa pero en estudio hay otro tipo de exigencias.
Tuve muchos profesores de música y canto. Tomaba talleres en todas partes con profesores de jazz, de blues y de música popular. Pero finalmente, digamos, que me casé con el latín fusión jazz, que para mí encierra todo lo que soy.
En esos andares conocí a Saúl Vera & ensamble. Con ellos tuve la oportunidad de hacer varias presentaciones en Caracas, Venezuela. Recuerdo que fuimos invitados a un festival en Hannover Alemania (2000). Fue una experiencia inolvidable, además iba acompañada de grandes músicos como Alexander Livinalli, Rafael Brito, entre otros.
Después de esto, viaje a probar suerte a Miami, donde terminé haciéndole coros a los hijos de Ricardo Montaner. Una vez vencida mi visa de turista tuve que volver a Venezuela. En ese momento fue cuando decido hacer mi primer disco Flor de Jengibre (2007), el cual también produje. Habían letras mías, además de versiones de canciones del folclor venezolano. De la mano de César Orozco –un genio de la música– hicimos un disco del cual me siento muy orgullosa de verdad. Fue una época de mucha felicidad, recién casada, con mi primera hija en camino, y un disco bajo el brazo para promocionar. Hice algunos conciertos en Caracas para luego mudarnos a Paris, Francia. Continué mi promoción allá. Recuerdo que me invitaron a cantar en la fiesta de la humanidad. Una gran feria donde se reúnen todos los países socialistas y donde muestran su música, tradiciones y turismo .
Tuve la oportunidad de tocar en la Casa de La America Latina. Sitio muy reconocido en París destinado a la promoción de la música «de raíz» .
En el año 2010 hice mi segundo disco, pero esta vez cantando en francés. Con algunas composiciones propias llamé nuevamente a César Orozco quien hizo todos los arreglos. Grabamos en en Caracas con músicos de primera. En esa fecha quedé embarazada de mi segundo hijo por lo que todo quedó paralizado hasta el 2013, año que pude terminar el disco. Comencé a promocionar el disco en Francia, y también tocamos en Londres, en el Bolívar Hall. Un teatro hermoso que tiene la embajada de Venezuela allá.
Para el año 2014 volvimos a Santiago de Chile, donde comencé nuevamente desde cero. Como si no fuera suficiente con ser artista, agregarle la dificultad de cambiarme de país sin redes de contactos para mi fue todo un reto, pero no me asustan los cambios.
En ese entonces me propuse hacer un EP pero esta vez solo con composiciones mías. Aprendí un poco de piano, pero el instrumento que me encantó, fue el cuatro Venezolano. Lo sentía más cercano, así que tomé algunas clases y me lancé. En esto pasaron un par de años entre el aprendizaje, la composición, la producción del disco. En el año 2017 saco mi tercera producción titulada «Lamiendo mis Heridas». Este disco significa mucho para mí, porque cuando estás sola buscando tu propio sonido, buscas aprobación, pero luego te das cuenta de que muchas veces no les gustas a todos, y solo queda confiar en ti y en tu buen gusto. Aprendes a vivir con eso y sigues con lo tuyo.
Este año 2019 tengo nuevos retos cómo siempre. Me gusta pensar que los sueños me mantienen viva. Cuando miro hacia atrás y veo todo lo que he logrado y por todo lo que he tenido que pasar, simplemente no me lo creo. Me pregunto de donde saco fuerzas. Por eso siempre agradezco a Dios por esa fortaleza de seguir adelante con mis sueños, no porque quiera hacerme rica y famosa, simplemente porque si es lo que me hace feliz tengo que ir por ello.
Así que lo que escuchas en mis discos es más que música. Es aprendizaje, frustraciones y alegrías. Pertenecen a etapas de mi vida en donde he tenido que aprender un sinfín de cosas que me hacen crecer como persona y como músico.